
Especialistas en ingeniería y medio ambiente han encendido alertas sobre posibles riesgos en el tramo elevado del Tren Maya que conecta Cancún con Tulum, al señalar que la infraestructura fue construida sobre un terreno altamente frágil y cambiante.
El viaducto, de aproximadamente 80 kilómetros, se sostiene mediante miles de columnas ancladas en suelo cárstico, una formación geológica característica de la región, conocida por su alta porosidad y por la presencia de cavernas y cenotes subterráneos.
Ingenieros con experiencia en construcción en la zona advierten que este tipo de suelo puede sufrir modificaciones con el paso del tiempo debido a la filtración de agua, lo que podría generar desplazamientos mínimos en los pilotes, pero suficientes para comprometer la estabilidad de la vía elevada.
Espeleólogos coinciden en que la disolución constante de la roca caliza representa un desafío estructural, ya que algunas columnas podrían perder su soporte sólido y quedar sin un punto firme de anclaje, incrementando el riesgo de deformaciones o fallas.
A estas preocupaciones se suma la propuesta de incorporar trenes de carga en este tramo, una idea que ambientalistas y expertos consideran riesgosa, al advertir que el aumento de peso y vibraciones podría agravar las condiciones del subsuelo.
Cabe recordar que organismos internacionales han documentado impactos ambientales severos asociados al proyecto, particularmente en los tramos del sureste, señalando afectaciones al ecosistema y a comunidades originarias de la región.
Las voces críticas insisten en la necesidad de una revisión técnica profunda y de priorizar la seguridad, el medio ambiente y la transparencia en uno de los proyectos de infraestructura más importantes del país.