
Playa del Carmen vive una paradoja turística: hoteles llenos… pero bolsillos más ajustados. Aunque la ocupación se mantiene alta, los ingresos por habitación han caído drásticamente en los últimos años.
El destino continúa registrando niveles de ocupación superiores al 85 por ciento e incluso picos cercanos al 90 por ciento durante febrero, uno de los meses más fuertes del calendario turístico.
Sin embargo, detrás de estas cifras positivas se esconde una realidad distinta: la tarifa promedio por noche se ha desplomado en la última década.
Datos del sector señalan que hace diez años una habitación en temporada alta podía comercializarse en alrededor de 150 dólares. Hoy, ese mismo espacio apenas alcanza entre 55 y 60 dólares.
El fenómeno no responde a una baja en visitantes, sino a un crecimiento acelerado en la oferta de hospedaje.
En Playa del Carmen existen cerca de 13 mil unidades destinadas a renta vacacional, mientras que la hotelería tradicional suma entre 7 y 8 mil habitaciones formales. Esta diferencia ha generado una competencia directa que presiona los precios a la baja.
Desde la Asociación de Pequeños Hoteles de Playa del Carmen advierten que el reto no es atraer turistas, sino garantizar condiciones equitativas de operación, ya que el sector formal cumple con permisos e impuestos que —aseguran— no siempre se aplican con el mismo rigor a las rentas vacacionales.
A este panorama se suma otro desafío recurrente: el sargazo. Las recientes suradas han complicado tanto la llegada como la limpieza del alga en las playas, afectando la imagen del destino en momentos clave de promoción.
Playa del Carmen mantiene su poder de convocatoria turística, pero enfrenta una transformación profunda en su modelo de hospedaje.
El debate ahora no gira en torno a cuántos visitantes llegan, sino a cómo garantizar que la bonanza turística se traduzca en rentabilidad y equilibrio para todos los actores del sector.